Un arcón

Juan Manuel Castro Prieto y Andrés Trapiello, La seda rota, 2006

Juan Manuel Castro Prieto y Andrés Trapiello, La seda rota, España, 2006.

El contenido de un piso en la cuarta planta del inmueble situado en el número ocho de la calle Príncipe de Vergara de Madrid va a ser trasladado.  La misma acción pero en dos momentos en el tiempo: en octubre de 1936 y principios del siglo XXI.

Juan Manuel Castro Prieto y Andrés Trapiello, La seda rota, 2006

Andrés Trapiello nos cuenta lo que ocurrió durante la Guerra Civil: era el piso de Mario Daza, marido de Teresa de Madrazo, nieta del pintor Federico de Madrazo, y en él se encontraba una colección muy importante de pinturas y documentos de la familia.  Una mañana llega un grupo de milicianos y empieza a vaciar el piso.  No está claro si es un saqueo o una incautación, pero los cuadros, los muebles y demás enseres se van acumulando en la acera:

En conjunto aquellas cosas tenían el aspecto de haber sido el decorado de una función que ha tocado a su fin. Parecía que el siglo XIX hubiese sido derrotado definitivamente y que, arrancado de las plácidas bambalinas, no servía ya para nada.

Juan Manuel Castro Prieto y Andrés Trapiello, La seda rota, 2006

El escritor aprovecha la anécdota para construir un pequeño boceto de la vida en Madrid a finales de 1936.  Por sus páginas se pasean desde el general Miaja hasta los exiliados del bando franquista pasando la guerra en San Sebastián.

Juan Manuel Castro Prieto y Andrés Trapiello, La seda rota, 2006

A principios de este siglo muere la última hija de Mario Daza y Teresa de Madrazo  y sus bienes van a ser trasladados.  Juan Manuel Castro Prieto fotografía la casa en ese estado de transición, a medio camino entre la vida y un espacio libre susceptible de entrar en el mercado inmobiliario.  Las fotografías de Castro Prieto son densas, parecen rellenar el espacio; juega con el enfoque creando una situación ambigua al espectador: por una parte guía su mirada a través de la foto, pero por otra le quita libertad, le expulsa un poco.  La ventana Albertiana se ha cubierto de vaho.

Juan Manuel Castro Prieto y Andrés Trapiello, La seda rota, 2006

El diseño de este libro se inspira en la colección Palabra e imagen de la editorial Lumen que vimos la semana pasada: conserva el formato casi cuadrado, el texto sobre cartulina coloreada con fotografías sobre papel cuché mate.  Sin embargo, en este caso las fotos son en color y más abundantes de lo que era habitual en la editorial Lumen.  Esa abundancia dota al trabajo de otra densidad, pues nos da la sensación de conocer todas las esquinas de la casa, de haber explorado sus últimos rincones.  En primera instancia llama la atención la pintura de los Madrazo, pero su majestuosidad se ve socavada poco a poco por los objetos más cotidianos: perchas de plástico, una bolsa de unos grandes almacenes, un televisor, el reloj de cuco; y finalmente las ausencias, las manchas dejadas por el polvo de los libros ahora visibles en la pared.

Juan Manuel Castro Prieto y Andrés Trapiello, La seda rota, 2006

Al final de la historia sólo quedan estancias vacías y lo que queda por hacer es arqueología.  Juan Manuel Castro Prieto prepara el terreno, hace las catas, deja la excavación lista.  Andrés Trapiello cuenta, quizás inventa, un día de octubre de 1936 en Madrid, sus contornos y alrededores, también con su foco selectivo.

De lo demás, de las historias, de las personas, de sus amores y desamores reales, apenas queda nada. Pensaríamos que ese piso de la calle Príncipe de Vergara era un arcón. Acaban de salir de él sus salones, todo eso que vamos a ver apenas unos segundos, antes de que se desvanezca para siempre. Eso tan valioso que permanecía sepultado allí durante cien años, por Teresa de Madrazo, por Mario Daza, en cierto modo por el general Miaja, por aquellos milicianos, por los hombres que crearon y trabajaron para la Junta de Incautación del Tesoro Artístico, por Pastora, Piedad, Milagro, por Juan José Daza, ha salido del arcón como una pieza de seda. Se diría a primera vista que sigue intacta. Pero la vida secreta, dormida, oscura del siglo, la ha llenado de cortes. Son cortes profundos que la han quebrado por dentro, como una oblea. Estigmas que hallaremos en todos esos objetos, en las tapicerías defendidas por sus fundas, en los cuadros apilados como en 1936, en los rimeros de libros viejos, en su espectral paso por la pared vacía, en la propia pared tapizada de seda, en esos daguerrotipos empavonados y desleídos como las Revoluciones que presagiaban, en cada uno de los objetos que se celaban en esas vitrinas, valiosos o insignificantes, en todos esos elegantes escenarios que la vida cotidiana de tres ancianas ha poblado durante incontables años de rastros doloroso e ireedentos (virgenes de plástico, bisuterías y pacotillas haciendo sospechoso el oro de ley, medicamentos caducados)… Todo eso ha acabado quebrándose, nada ha podido soportar tan crecido número de cortes.

Juan Manuel Castro Prieto y Andrés Trapiello, La seda rota, 2006

Juan Manuel Castro Prieto

La seda rota

introducción de María Molina, comisaria de la exposición; texto de Andrés Trapiello;

editado por la galería Arte 21, Madrid, España;

primera edición, enero 2006; 100 páginas; 223×227 mm.;

encuadernación en cartoné forrado con papel; tipografía de Alonso Meléndez y Andrés Trapiello; impreso por Brizzolis; encuadernado por Encuadernación Ramos;

isbn: 84-609-91-65-2

Además, te puede interesar

2 comentarios en “Un arcón

Deja un comentario