Una amante obstinada

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

De todos los fotógrafos que asiduamente han fotografiado a su mujer, posiblemente, Masahisa Fukase sea el que más profundamente haya ahondado en la relación de pareja. No solo nos enseña el complejo retrato de su mujer y el suyo propio, sino que además nos muestra los estados que atraviesa los doce años que duró el matrimonio.

La portada del libro es un díptico de lo más elocuente. En la imagen de la derecha, Yohko vestida de kimono, un retrato formal hecho para mostrar a familiares y amigos. A la izquierda en una reproducción de esa misma foto con el cristal del marco roto y la fotografía dañada. Una foto para no enseñar. Una metáfora de cómo empieza y cómo termina la relación. Arriba, el nombre de Yohko y bajo el díptico, el de Masahisa. Para mí, los dos son los autores, aunque como es Masahisa el que aprieta el botón de la cámara, es él el que figura como autor del libro y ella la que da título al libro. Un puro formalismo.

Este libro tiene una estructura de novela, una novela sacada de un diario, donde Masahisa escribe con su cámara la aventura que supone la vida en pareja. En cierta manera me recuerda a las películas mudas, con unos gestos a veces exagerados, y cada cierto número de fotos aparece una página en negro a modo de intertítulo, con una foto de cuervos y una frase que explica el siguiente capítulo de su vida; “nuevo barrio, Yohko, su madre, dos gatos…” o “los fuegos artificiales de las fiestas del barrio, la nieve de año nuevo, desde la ventana del cuarto piso fluyen los días…”

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

En los primeros capítulos, junto con alguna foto hecha en la calle y varias fotos del día de su boda, lo más destacable es la risa de Yohko, que resuena en estas primeras páginas. También aparece haciendo unas muecas que contrastan con el gesto serio de su madre y algunas poses fruto del juego de los enamorados.

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

La colección de situaciones que invitan a la imaginación es larguísima; Yohko amenazando a una planta, con una bolsa del centro comercial Seibu dentro de su sudadera, Yohko con Kimono, con traje de colegiala, de lolita, de hippy, de dependienta, de secretaria descarada, Yohko mirando a través de un tubo imaginario, rompiendo con la lengua un papel de fortuna, comiendo bolas de pulpo, hablando con los pescadores, jugando con un triciclo o con su sombra, comiendo, bañándose, tomando el sol en la playa, jugando con un perro, esquiando…

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

La únicas fotos en las que Yohko sale seria son aquellas en que está concentrada en los ensayos de una obra de teatro, la interpretación era su gran pasión, y en estas fotos es cuando vemos a ella realmente sola en la foto, sin la presencia de su compañero…

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

Los últimos capítulos del libro se focalizan en los viajes: al pueblo natal de Masahisa, al de Yohko y un viaje por EEUU, donde expone unas fotos de Yohko, y ésta posa junto a sus retratos. Descubrímos a la Yohko más melancólica, cada vez más encerrada en sí misma.

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

Masahisa publicó este libro dos años después de su divorcio. Algo que nunca llegó a digerir… una pena que le acompañó a lo largo de la vida. Si la edición la hubiese hecho antes de su divorcio, estaríamos ante un libro completamente diferente.
Tras el divorcio, Masahisa volvió a Hokkaido y continuó fotografiando los cuervos, símbolo del dolor de su separación, y fue por este cuerpo fotográfico por el que actualmente es más reconocido.

Masahisa Fukase, Yohko, Asahi Sonorama, Japón, 1978

Masahisa murió el 9 de junio del 2012, después de 20 años en coma tras la caída por unas escaleras. Yohko que a veces iba a visitarle, decía de él que la fotografía era para Fukase una amante obstinada con la que construía la imagen de Yohko y que sin una cámara, no era capaz de ver.

Estas palabras, no son del todo ciertas, realmente Yohko era la amante, pues Fukase siempre estuvo casado con la fotografía.

Masahisa Fukase

Yohko

editado por Asahi Sonorama en Tokio, Japón;

primera edición, 1978; 207 × 218 mm.; 120 páginas;

encuadernado en cartoné entelado con sobrecubierta;

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