Einstein en la playa

Julián Barón, Dossier Humint, 2013

Philip Glass es un músico de esos que suelen llamar minimalista, esto es, que le das tres notas — la, sol y do, por ejemplo –, y las repite hasta la extenuación: la sol do la sol do la sol do la sol do… En 1975 trabajaba de taxista y fontanero cuando Robert Wilson le pasó unos bocetos escenográficos y allá que se lanzó a componer una ópera que titularon Einstein en la playa.

Julián Barón, Dossier Humint, 2013

Julián Barón, Dossier Humint, 2013

La obra dura casi cinco horas sin descanso, pero no está pensada para ser vista de un tirón, sino que los espectadores pueden entrar y salir cuando quieran. Tampoco es que cuente una historia; es una ópera no-narrativa. Mientras suena la música los cantantes recitan: “uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho”, o: “puede ser un globo. Puede ser Frankie. Puede ser muy fresco y limpio. Estos son los días amigos…”, poemas casi incomprensibles, prácticamente sonoros de Christopher Knowles, un adolescente autista, y se mueven siguiendo la coreografía peculiar de Lucinda Childs mientras la escenografía y los juegos de luces van cambiando siguiendo las instrucciones de Wilson. Un actor que representa a Einstein se pasa las cinco horas escribiendo fórmulas en una pizarra imaginaria.

Julián Barón, Dossier Humint, 2013

Julián Barón, Dossier Humint, 2013

¿Es Einstein en la playa música? A pesar de que hay gente que considera a Glass uno de los grandes compositores del siglo XX, muchos melómanos preferirían dejarse arrancar las uñas de los dedos a escuchar cinco horas de su música. No es el mismo territorio que el que habitan Vivaldi y Mozart. Hay una clara ruptura con la tradición musical occidental. Al ser una ópera no narrativa la única salida que te deja es la experiencia estética. En un primer momento escuchar la música puede resultar desagradable y aburrido. Pero si te dejas llevar, con el tiempo, sin saber cómo, acabas entrando dentro. Y allí, lo que nos dice Glass, es que no son importantes los grandes movimientos, sino los pequeños, que van cambiando como la arena.

Julián Barón, Dossier Humint, 2013

Julián Barón, Dossier Humint, 2013

Dossier Humint es un libro de fotografías — o un dossier, como nos indica el título — creado por Julián Barón y diseñado por Eloi Gimeno, siempre con el oído muy atento. Está formado por una sucesión repetitiva de fotos de baldosas tomadas en una feria de cerámica y encuadernado como un informe de trabajo de una empresa cualquiera. La impresión es un poco plana y apagada. Las fotografías son casi idénticas unas a otras. Al leerlo, sin saber cómo, uno se percata de que algo va cambiando. Hay que revisar lo visto con mucho cuidado para ver dónde aparecen las luces, los reflejos, las sombras, dónde se desintegran las imágenes.

Julián Barón, Dossier Humint, 2013

Julián Barón, Dossier Humint, 2013

Resulta imposible no darse cuenta de que estamos mirando en un espejo, que esas baldosas son también fotografías, rectángulos planos a través de los cuales vemos reflejadas las luces y sombras del mundo. Al igual que en Einstein en la playa, aquí no hay narración. Sólo nos queda la experiencia estética, entrar dentro de las fotografías y dejarse llevar. Nos obliga a mirar las imágenes de otra forma, a dar la vuelta completamente al lugar habitual del espectador, a renunciar a los placeres tradicionales de la fotografía clásica. Es un ejercicio de fe, pero el resultado merece la pena.

Julián Barón, Dossier Humint, 2013

Julián Barón, Dossier Humint, 2013

Al final de Einstein en la playa aparece en el escenario un autobús, y mientras dos actores permanecen sentados en un banco el conductor dice que estamos llegando al final del día, que la noche debería ser un momento de descanso, que necesitamos una historia reconfortante para desterrar los inquietantes pensamientos y descansar nuestro espíritu agitado. Se pregunta qué tipo de historia deberíamos oír. Una historia familiar, tan, tan antigua que sea nueva, la vieja historia del amor:

Dos amantes se sentaron en un banco del parque, con sus cuerpos tocándose, cogidos de las manos a la luz de la luna.

Había silencio entre ellos. Tan profundo era su amor por el otro que no necesitaban palabras para expresarlo. Y así permanecieron sentados en silencio, en un banco del parque, con sus cuerpos tocándose, cogidos de la mano a la luz de la luna.

Finalmente ella habló. “¿Me amas, Juan?” preguntó. “Sabes que te amo, querida”, contestó él. “Te amo más de lo que una lengua puede contar. Tú eres la luz de mi vida, mi sol, luna y estrellas. Tú eres mi todo. Sin ti no tengo razón de ser.”

De nuevo hubo silencio mientras los dos amantes estaban sentados en un banco del parque, con sus cuerpos tocándose, cogidos de la mano a la luz de la luna. Una vez más ella habló. “¿Cuánto me amas, Juan?” preguntó. Él contestó: “¿Cuanto te amo? Cuenta las estrellas del cielo. Mide las aguas de los océanos con una cucharilla de té. Cuenta los granos de arena en la orilla. ¿Imposible, dices? Sí, y así de imposible es para mí decir cuánto te amo. Mi amor por ti es más alto que los cielos, más profundo que el Hades y más ancho que la tierra. No tiene límites ni fronteras. Todo debe tener un final excepto mi amor por ti.”

La historia funciona como una puerta de acceso, o de salida, a la ópera. Es algo inesperado después de tanta agitación abstracta. Julián Barón hace algo parecido. El título del libro, Dossier Humint, hace referencia a la abreviatura de Human Intelligence, que se refiere al espionaje tradicional, el realizado con agentes sobre el terreno. El libro incluye un mensaje de correo electrónico, censurado como suelen hacer las agencias de inteligencia, en el que una empresa china solicita a Julián Barón un dossier fotográfico de una feria de cerámica. ¿Es este libro un informe de espionaje?

No se asusten. Si se encuentran perdidos hagan como yo, junten los labios y silben: la sol do la sol do la sol do la sol do…

Julián Barón, Dossier Humint, 2013

Julián Barón, Dossier Humint, 2013

Julián Barón

Dossier Humint

Autoeditado;

primera edición, 2013; 141 páginas; 297 × 210 mm.;

encuadernado en rústica; diseñado por Eloi Gimeno; editado por Julián Barón, Eloi Gimeno, Leticia Tójar y Jorge Alamar; preimpresión por Víctor Garrido; impreso por Martín Impresores en Valencia, España;

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