Porque, como es bien sabido, esa imperfección de la naturaleza (el no ser enteramente adecuada desde el punto de vista de los fines perseguidos por el hombre) puede ser suplida por el hombre, que es, después de todo, quien la considera imperfecta desde su perspectiva instrumental. Y ese perfeccionamiento de la potencia del cual la naturaleza no es capaz por sí misma es exactamente la técnica (que desde ese momento sella su vínculo con la potencia).
Intersticios
Mantener el nombre inalterado
Imagen frecuente la del navío Argo (luminoso y blanco) cuyas piezas reemplazaban los Argonautas poco a poco, de modo que acabaron por tener un navío enteramente nuevo, sin tener que cambiarle ni el nombre ni la forma. Este navío Argo es muy útil: ofrece la alegoría de un objeto eminentemente estructural, creado no por el genio, la inspiración, la determinación, la evolución,… , sino por dos actos modestos (que no pueden captarse en ninguna otra mística de la creación): la substitución (una pieza echa a otra, como en un paradigma) y la nominación (el nombre no está vinculado en absoluto a la estabilidad de las piezas): a fuerza de combinar en el interior de un mismo nombre, ya no queda nada del origen: Argo es un objeto sin otra causa que su nombre, sin otra identidad que su forma.
Roland Barthes por Roland Barthes
Millas de distancia
Vivo en la ciudad de Nueva York, tierra de ocho millones —y contando— de historias. Los turistas llegan de todas las partes del mundo para absorber el espectáculo de este lugar y consumir todas sus delicias y abundancias. Cuando llega el ocaso, si tengo una buena vista, miro hacia el edificio Empire Estate ya que, incluso desde millas de distancia, estoy seguro de que veré el flash de las cámaras dispararse desde la plataforma de observación. Luces centelleantes intentando en vano iluminarme desde millas de distancia, llegando quizás —en el mejor de los casos— a girar un píxel hacia acá o hacia allá, o quizás a provocar que una partícula de sal de plata se oxide en una reacción fotoquímica. ¿Consiguió el fotógrafo capturar lo que quería, me pregunto? ¿Estaba yo allí representado de alguna manera? Intentando reproducir el mundo entero desde ese aéreo punto de vista, nuestros turistas, escudriñando la locura de los mortales, vieron — ¿qué? Una fotografía proyecta —principalmente— lo que su creador espera. Uno apunta la cámara hacia lo que espera ver y hacia aquello sobre lo que uno desea llamar la atención. Aunque haya visto el flash, mi mundo, mi experiencia, no está entre las expectativas de estos turistas. Yo estoy contenido en su imagen sólo superficialmente, como una mota o no lo estoy: simplemente estoy demasiado lejos.
— Ken Schles, A New History of Photography: The World Outside and the Pictures in our Heads
Dí «cierra la puerta». Si te atreves…
Es tan fácil charlar sobre lo Bello… Pero para decir en estilo propio «cierra la puerta» o «tenía ganas de dormir» hace falta más genio que para hacer todos los cursos de literatura del mundo. La crítica está en el último escalón de la literatura, como forma casi siempre, y como valor moral, indiscutiblemente.
Flaubert, Cartas a Louise Colet, 28-29 de junio de 1853
La imagen muestra un retrato de Gustave Flaubert y su hermano Achille con 13 y 14 años, realizado por Delaunay hacia 1835. Supongo que como Flaubert todavía no era conocido, el autor del retrato utilizó un papel de boceto en el que aparecen algunos personajes más. La fama le asegura a uno un espacio pictórico propio. Con las fotografías es un poco distinto. No hace falta ser famoso. El único requisito es reflejar luz. Hay autores que han calificado ese efecto como de «democrático».
Esperar con la cabeza quitada: Los otros (4)
Solo hay un sexo en la Luna, tanto entre los animales de cocina como entre los demás, y todos nacen de los árboles, que varían por su tamaño y follaje; así, el árbol que da el animal de cocina o especie humana, es más hermosos que los demás: tiene ramas rectas y fuertes y hojas de color carne, y su fruto es como una nuez o vaina, de cáscara dura y unas dos varas de largo:. cuando están maduras las recogen con muchísimo cuidado y las almacenan hasta que llega el momento oportuno; cuando deciden animar la simiente de estas nueces, las echan en una caldera de agua hirviendo, con lo cual las cáscaras se abren al cabo de unas horas y sale de cada una de ellas una criatura.
Llámalo amor (2)
Miércoles.– Vamos conociéndonos y estimándonos. Ya no evita mi presencia, lo que es una buenísima señal, y cuando estoy a su lado da muestras de honda satisfacción. Huelga decir cuánto me agradan semejantes manifestaciones.. Yo procuro corresponder, estudiando los medios de serle útil en los pequeños menesteres de la vida, y ayudándole a ir denominando todo lo que le rodea. Ahora me he pasado dos días enseñándole el nombre de unas cuantas cosas. El pobrecillo me agradece esta obra de instrucción, porque no le ha dotado el Ser Supremo de grandes aptitudes a este propósito. Vanidoso como es, me valgo de ciertas mañas para educarle sin que se resienta su amor propio. Siempre que aparece algo a su vista algo nuevo que desconoce, le planto un nombre sin dar tiempo a mi discípulo para pensar en su ignorancia. De este modo le he salvado de muchos compromisos. ¡Loado sea Dios que me dio la maravillosa facultad de saber distinguir en materia de animales! Me basta mirar un segundo la bestia desconocida para saber qué bicho es y qué nombre debo aplicarle. No fallo jamás. La primera vez que se nos puso a tiro un avestruz, creyó que era un gato montés. Lo adiviné en sus ojos. Pero me apresuré a sacarle del compromiso diciendo con afectada sorpresa: «Si eso no es un avestruz, se le parece mucho…» Mi compañero se quedó abobado mirándome, o mejor dicho, admirándome. Al sentirme objeto de aquella admiración, corrió por todo mi cuerpo un cosquilleo de vanidad satisfecha… ¡Con qué poco se contenta una cuando está segura de haberlo merecido!
Mark Twain, Diario de Eva, recogido en Cuentos humorísticos
Llámalo amor
Martes.– Hemos estado inspeccionando nuestras propiedades. La nueva criatura las llama «Jardín del Edén». ¿Por qué?… Lo ignoro. Debe ser por mero capricho o por tontería declarada. Observo que desde que andamos juntos, jamás puedo llamar a una cosa como me plazca. La nueva criatura pone nombre a todo lo que ve, sin importarle un pito mis protestas. Lo más gracioso es que siempre tiene la misma justificación para hacerlo: que la cosa parece lo que a ella, la nueva criatura, se le antoja llamarlo. Por ejemplo, el avestruz. Dice ella, apenas ve uno de esos animales, que parece un avestruz. El pobre animalito tendrá, pues, que quedarse con ese nombre. A mí me disgusta disputar por cosas insignificantes, y de ahí que la deje llamar las cosas como le dé la gana. ¡Avestruz!… La verdad es que se parece tanto ese bicho a un avestruz como a mí.
Mark Twain, Diario de Adán recogido en Cuentos humorísticos
Segunda tertulia de libros de fotografía en Madrid
El martes próximo, día 27 de marzo, tendrá lugar la segunda tertulia sobre libros de fotografía en la sede de la Real Sociedad Fotográfica en Madrid, en la calle Tres Peces número 3, a las 19:00. Estáis todos invitados a participar. Basta con traer un libro de fotografía (no puede ser el de uno mismo) y ganas de charlar. Nos vemos allí.