Solo una

Intuyo que los fotógrafos trabajan influidos, entre otros cosas, por los costes de sus proyectos. En los 70, cuando empecé fotografiar en color en 8×10 (pulgadas), me gastaba 15 dólares cada vez que hacía una fotografía (película, procesado y una prueba de contacto). Las consideraciones económicas me llevaron a realizar una sola fotografía de cada sujeto. A pesar de esto, sabía que no podía economizar haciendo solo una fotografía que pudiera considerarse buena. Eso me habría conducido a realizar un trabajo aburrido con imágenes que sabía que funcionarían. Pero yo sí decidía qué quería fotografiar y cómo quería estructurar la imagen. Esto fue una poderosa experiencia educativa. Empecé a aprender lo que quería realmente.

El mundo digital está en las antípodas del trabajo con película de  8×10. Veo este mundo como si fuera un fenómeno de dos caras. El hecho de que las “fotografías” sean gratis permite que se trabaje con una mayor espontaneidad. Cuando veo, todavía hoy, a gente fotografiando en analógico veo dudas e indecisiones en su proceso de trabajo. No veo esto en el mundo digital. Parece que existe una mayor libertad y una menor moderación. Veo en esto una analogía en cómo afecta el uso de un  procesador de textos a la escritura: puedes poner todo lo que se te pase por la cabeza por escrito, incluso pensamientos tangenciales, con un mínimo de autocensura, sabiendo que, escribas lo que escribas, siempre lo podrás editar más tarde. La otra cara de esta falta de moderación es que no se discrimina. Y en esto existe una tautología: como uno considera menor el valor de cada una de sus imágenes, uno produce menos imágenes verdaderamente considerables.

Stephen Shore

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